
El día 17 de abril de 2026 a las 19 horas, en una sala del tercer piso del Centro Okinawense en la Argentina, nuestro Sensei Luis Lemos llevo adelante una charla sobre distintos aspectos de Okinawa y el antiguo Reino de Ryukyu, invitado por el espacio de difusión cultural del Arquitecto Ernesto Miyashiro (actual vicepresidente del C.O.A. y ex becario) y el Señor Tamaki Satoshi (Ex-presidente del C.O.A.).
El encuentro fue organizado por la Asociación Taishinkan Chikara Dojo y el Centro Okinawense en la Argentina, y se utilizo una parte del proyecto audiovisual realizado por Sensei Lemos para difusión de la cultura Okinawense en el mundo llamado "Camino al antiguo Reino de Ryukyu".
El encuentro comenzó con la puntualidad típica Japonesa, con la bienvenida del arquitecto Ernesto Miyashiro, a los mas de cincuenta asistentes que se dieron sita para participar de la muestra. En la misma, Miyashiro san subrayó el valor de la difusión cultural de Okinawa realizado por Sensei Lemos por todo el mundo a lo largo de estos años. Acto seguido, presento al disertante de la noche anunciando el temario que se desarrollaría.
Desde el inicio, Sensei Lemos anunció que en esta oportunidad, no se trataría de una exposición académica sino de un viaje imaginario al la historia, ensayando la imagen de “subir al avión, llegar a Naha, tomar el monorriel y dejarse conducir por la voz del mismísimo Rey Shō-Hashi a través de todo el recorrido". A partir de ese recurso narrativo, la charla situó al público en la Edad Media, cuando la isla estaba dividida entre los reinos de Hokuzan, Chūzan y Nanzan, y se explicaron los procesos que llevaron a la consolidación del Reino de Ryukyu en 1429 bajo la dinastía Shō. Sin entrar en los estratos más antiguos donde la historia se confunde con la mitología, Sensei Lemos eligió comenzar su relato en el momento en que Ryukyu aparece ya como Reino organizado, con castillos, aldeas aristocráticas y vínculos diplomáticos estructurados con China y con Japón.

Uno de los ejes más desarrollados de la presentación fue el recorrido virtual por la ciudad real de Shuri y su castillo. A través de mapas antiguos, fotografías de finales del siglo XIX y principios del XX y material contemporáneo, Lemos guio a los asistentes por el camino real que unía Naha con la colina de Shuri, deteniéndose en puntos significativos como el antiguo pórtico Chūzan-mon, la aldea aristocrática de Kinjo y el mausoleo real de Tamaudun. Allí subrayó la importancia del respeto en los espacios funerarios, criticando prácticas turísticas actuales como la realización de kata frente a las tumbas reales, y recordó que incluso algunos guías difunden datos incorrectos sobre la ubicación de los restos de Shō Hashi.
El recorrido avanzó luego hacia los distintos accesos y patios del castillo de Shuri: Kankai-mon, puerta de bienvenida a los emisarios chinos; Suimui-mon, “fuente auspiciosa”; Roukoku-mon, puerta del reloj de agua; Kōfuku-mon y Kōshō-mon, vinculadas al ordenamiento del palacio y a la ceremonia de apertura diaria. Lemos explicó cómo los emisarios chinos (sappōshi) no solo alababan la pureza del agua en sus poemas, sino que registraban detalladamente la vida política y económica del reino, pues su misión era también legitimar al monarca en nombre del emperador de China dentro del sistema tributario de Asia oriental. En este marco, las numerosas fuentes y canales de agua natural dentro del recinto no eran un mero detalle paisajístico, sino un elemento estratégico de supervivencia en caso de asedio y un motivo recurrente en la literatura oficial.
Otra parte destacada del itinerario fue la descripción del Seiden, edificio principal del castillo, y de los espacios interiores. Sensei Lemos mostró cómo el primer piso funcionaba como ámbito de gobierno y ceremonias, con pasillos deliberadamente bajos que obligaban al personal a caminar inclinado como gesto de respeto, mientras que el segundo piso albergaba la sala del trono y la sala de oración de la reina, y el tercero cumplía una sofisticada función de ventilación natural que permitía reducir varios grados la temperatura en un clima subtropical sin recurrir a sistemas modernos. Detrás del Seiden, en el sector privado de Uchibara, solo podían vivir la reina, el príncipe hasta cierta edad, las princesas antes de casarse y las ascendientes directas del monarca.
La charla dedicó un tiempo importante a la historia de las destrucciones y reconstrucciones de Shuri, a partir de imágenes tomadas antes de la batalla de Okinawa y de testimonios de arquitectos okinawenses, se describió la devastación de 1945, el uso posterior del predio por la Universidad de Ryukyu y el inicio de la reconstrucción del castillo a partir de 1992. El arquitecto Miyashiro, aportó valiosos detalles sobre el trabajo de recuperación: la necesidad de recurrir a fotografías conservadas por la familia real trasladada a Tokio y por emigrantes okinawenses en el exterior, la consulta sistemática a ancianos que habían visto los edificios originales y la minuciosidad extrema en la selección de materiales, que incluyó tamizar el hollín del último incendio para reutilizar restos de tejas quemadas mezcladas con materia prima traída de Corea. Yamashiro y Lemos, insistieron en que el castillo actual es fruto de una labor de reconstrucción rigurosa, en la que la diáspora y la memoria oral desempeñaron un papel decisivo.
En la parte final, Sensei Lemos abordó un resumen de las dos artes marciales autóctonas de Ryukyu: el Kobudo y el Karatedo. Explicó que desde mucho antes de la invasión de Satsuma en 1609 ya existían formas de autodefensa y uso de armas tradicionales en la isla. También precisó que las prohibiciones de armas de 1477 (en el contexto de la dinastía Shō) y de 1609 (en la invasión Satsuma) afectaron a la población común, mientras que los linajes nobles y guerreros continuaron transmitiendo estas técnicas de forma discreta de generación en generación.

En cuanto al Karatedo, presentó la evolución de la “mano china” (tō-te / tu-di) y de la “mano okinawense” (uchinādi) en las grandes corrientes de Shuri-te y Tomari-te, unificadas luego en Shōrin-ryū, y de Naha-te, que desemboca en Gōjū-ryū, a las que se suma Uechi-ryū tras la experiencia china de Uechi Kanbun. Recordó el papel de Itosu Ankō en la introducción del karate en las escuelas a comienzos del siglo XX y la labor de Funakoshi Gichin al presentarlo en el Japón continental y adaptar nombres de kata y terminología en un contexto de creciente tensión sino-japonesa. Lemos subrayó además, que si se toma en serio la palabra “tradicional”, el karate okinawense cuenta con una historia mucho más larga que su versión reglamentada en el Japón moderno, y defendió la especificidad del Karatedo y del Kobudo de Okinawa frente a lecturas que los reducen a mero deporte.
En el tramo final de preguntas, se discutieron diferencias técnicas entre influencias chinas y desarrollo propio okinawense, el peso del sistema de becas en la formación de generaciones de okinawenses que luego difundieron su cultura por el mundo, y la tensión entre karate “japonés” y “okinawense”. Sensei Lemos también insistió en la necesidad de que los practicantes estudien la historia y el contexto de su arte, y no se queden solo con la dimensión competitiva. “No todas las personas que se ponen un gi blanco y un cinturón hacen lo mismo”, señaló, marcando la diferencia entre budō y deporte.

La velada concluyó con una invitación directa a conocer Okinawa en persona. Tanto el Maestro como el Arquitecto destacaron el carácter pacífico de la sociedad okinawense y la particularidad de sus castillos, más ligados a la residencia y al culto que a la guerra abierta, con muros de piedra coralina erosionados en curvas suaves y un lago artificial frente a Shuri concebido para recibir a emisarios, no como foso defensivo. Entre anécdotas sobre casas tradicionales que sobrevivieron a las bombas y sobre la creatividad local en campos como el vidrio y la cerámica, Sensei Lemos animó a los presentes a “cruzar hacia la isla al menos una vez en la vida” y ver con sus propios ojos aquello que esa noche solo pudo recorrerse en imágenes.
Queremos agradecer por ultimo, al Arquitecto Ernesto Miyashiro y al Señor Tamaki Satoshi por la invitación a realizar este evento de difusión cultural dentro de la prestigiosa institución del Centro Okinawense de Argentina.
(Extraído y editado de la nota realizada por el Periodista Ricardo Oshiro del Diario Ryukyu Shimpo)