.webp)
En la ciudad de Naha, muy cerca de la estación Asato del
monorraíl Yui Rail, se encuentra uno de los lugares mas historicos, representativo y más auténtico y
entrañable de Okinawa: el Mercado Sakaemachi (栄町市場 –
Sakaemachi Ichiba). Mucho más que un simple centro comercial, este mercado
representa la historia de la reconstrucción de la isla después de la Segunda
Guerra Mundial y el espíritu solidario de su pueblo.
Antes de la guerra, el terreno donde hoy se levanta
Sakaemachi estaba ocupado por instituciones educativas, entre ellas la Primera
Escuela Secundaria Femenina de Okinawa, cuyas alumnas formarían posteriormente
el conocido Cuerpo Estudiantil Himeyuri, uno de los símbolos más
conmovedores de la Batalla de Okinawa. Tras la devastación de 1945, la zona
quedó completamente destruida.

Con el regreso gradual de la población, comenzaron a surgir
pequeños puestos improvisados donde los vecinos intercambiaban alimentos y
productos básicos. En 1955, los propios habitantes eligieron mediante votación
el nombre "Sakaemachi", que significa literalmente "Ciudad
o Mercado de la Prosperidad", reflejando la esperanza de un futuro
mejor para una comunidad que renacía entre las ruinas.
A diferencia del famoso Mercado Público de Makishi,
orientado en gran medida al turismo, Sakaemachi conservó su carácter
profundamente local. Sus estrechos pasillos cubiertos, las pequeñas
carnicerías, pescaderías, verdulerías y comercios familiares mantienen el
ambiente de las décadas de 1950 y 1960. Allí todavía es habitual ver a los
comerciantes conversar con sus clientes habituales, preservando una forma de
vida basada en la confianza y la cercanía.
Con el paso de los años, el mercado también se transformó en
un reconocido punto gastronómico. Al caer la tarde, muchos de sus antiguos
locales comerciales abren como pequeños izakaya, bares tradicionales y
restaurantes donde vecinos y visitantes disfrutan de la cocina okinawense, el
awamori y la música local en un ambiente sencillo y acogedor.


Hoy, Sakaemachi es considerado uno de los últimos mercados
tradicionales que conservan casi intacta la estructura urbana construida
durante la reconstrucción de la posguerra. Más que un sitio para hacer compras,
es un verdadero patrimonio vivo donde sobreviven las costumbres, la memoria y
la identidad del pueblo okinawense. Diversos estudios lo destacan como un
ejemplo de resiliencia comunitaria y de la importancia de los mercados
tradicionales como espacios de encuentro, transmisión cultural y apoyo mutuo.
Quien recorre sus callejones no solo descubre sabores y
productos típicos de Okinawa; también encuentra el testimonio de una comunidad
que, después de una de las mayores tragedias de su historia, supo reconstruirse
con trabajo, solidaridad y esperanza. En ese sentido, el Mercado Sakaemachi
continúa siendo, hasta nuestros días, uno de los símbolos más auténticos del
alma de Okinawa.


Y por que este sitio es un lugar muy importante para el Okinawa Karatedo Argentino?
Es que exactamente aqui existio un afamado Restaurante llamado "SUDAKA" cuya dueña era la Señora Tsuyako Kinjo.
A primera vista, lo llamativo es que no era un restaurante de comida
okinawense, sino un restaurante de cocina sudamericana, algo bastante inusual
en Okinawa. En su carta se ofrecían platos inspirados en distintos países de
Sudamérica y era conocido por recibir tanto a residentes extranjeros como a
okinawenses interesados en probar sabores diferentes. Hoy en dia, desgraciadamente ya no existe mas.
Tsuyako Kinjo (金城ツヤ子) fue mucho más que la dueña de un restaurante llamado Sudaka. Era una excelente anfitriona, exhimia traductora, leal consejera, amiga y un verdadero puente entre los practicantes extranjeros de karatedo y los maestros de Okinawa.
El restaurante Sudaka era casi un "Dojo social". Después de las clases o los entrenamientos era habitual que se reunieran allí maestros de distintas escuelas. Según recuerdan quienes la conocieron, por sus mesas pasaban con frecuencia Maestros como Minoru Higa, Eiki Kurashita, Yoshimitsu Onaga, Oshiro Nobuko y Shigetoshi Senaha, entre otros.
Otro detalle muy significativo, es que el nombre "Sudaka" estaba acompañado por una bandera argentina en la fachada. Esto reflejaba el enorme cariño que Tsuyako Kinjo sentía por Argentina, país con el que había vivido y creado un vínculo muy fuerte gracias a la comunidad de karatekas argentinos que visitaban Okinawa. Ella siempre estaba ahi para ayudarnos.
Era una mujer de gran sabiduría y una personalidad muy especial. No solo servía la comida: enseñaba las costumbres japonesas, indicaba cómo recibir y despedir correctamente a un Maestro y facilitaba encuentros que de otra forma hubieran sido muy difíciles para los visitantes extranjeros. Sin lugar a dudas, un sitio muy especial, un Restaurante mitico y esencial para el desarrollo del Okinawa Karatedo Argentino, y una persona esepcional a la que le debemos agradecimiento eterno.




























